Si de algo vamos faltados en nuestra profesión (entendida esta en un sentido extenso de la misma) es de asociaciones y colegios profesionales realmente fuertes, influyentes y de gran reconocimiento social. Evidentemente, y aun siendo sectores diferentes, tengo claro que no somos ni unos arquitectos, abogados, ingenieros o médicos... por poner sólo algunos ejemplos de sectores profesionales que disfrutan de potentes e imponentes entidades profesionales. Pero aunque por supuesto no seamos lo mismo, no por eso deberíamos dejar de tomarlos como ejemplos: de hecho, todos los profesionales de esos sectores disfrutan y se han ganado a pulso un gran sentido de cohesión y de corporativismo (no es el objetivo de este artículo analizar si este corporativismo es bueno o malo) y que por desgracia no tenemos en nuestros ámbitos. Un corporativismo bien entendido es siempre sinónimo de una fuerte cohesión, y esto como resultado final siempre se traduce en una potente influencia social capaz de modificar agendas públicas. Y mientras tanto nosotros, por desgracia y aunque duela, ni corporativismo, ni cohesión y ni mucho menos influencia. Vamos por libre, y así nos va. Lo siento, pero por desgracia sigue siendo así.

Me han venido a la mente todas estas reflexiones a partir de la lectura del artículo de Miguel Ángel del Prado Martínez "La biblioteca especialitzada en el model de Sistema Integrat de Gestió de la Informació Documental a les Organitzacions" publicado en la revista Ítem, número 60 de 2016. Traduzco del catalán:

"(...) Así, en nuestra opinión, el principal obstáculo para conseguir la integración se encuentra en la dificultad de superar las visiones propietarias asociadas al concepto de documento que tienen los profesionales que tradicionalmente se encargan de la gestión (archiveros, bibliotecarios y documentalistas), los cuales, en líneas generales, han demostrado más preocupación por remarcar las diferencias entre sus objetivos parciales, la naturaleza de los documentos que tratan o las técnicas y procedimientos que usan para su tratamiento, que para llegar a una confluencia de intereses (...)".

Estas visiones propietarias a las que se hace referencia en este fragmento tienen, obviamente, su reflejo en las diferentes asociaciones y colegios profesionales que sirven para representar y aglutinar a todos los profesionales de nuestro sector. Veamos algunos ejemplos (sin voluntad de ser exhaustivo), en diferentes puntos de la geografía española, de la división y la disgregación que padece y que adolece nuestra división a nivel de asociacionismo:


En el lado totalmente opuesto tenemos el ejemplo de la ALDEE (http://www.aldee.org/es/index.php), la Asociación Vasca de Profesionales de Archivos, Bibliotecas y Centros de Documentación, que en Euskadi aglutina a todos los profesionales de nuestro ámbito bajo un mismo paraguas.

No obstante, a nivel de toda España si que existen federaciones, coordinadoras y asociaciones que incluyen todos los vértices de nuestro ámbito científico: FESABID, la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Archivística (http://www.fesabid.org/federacion/asociaciones) y ANABAD, la Federación Española de Asociaciones de Archiveros, Bibliotecarios, Arqueólogos, Museólogos y Documentalistas (http://www.anabad.org/), y que actualmente se encuentran en proceso de fusión. Hay que decir, no obstante, que la presencia real y efectiva del mundo de la archivística (como mínimo en FESABID, que lo conozco más) es simplemente minoritaria y residual. En el ámbito de la archivística existe la Coordinadora de Asociaciones de Archiveros (http://www.archiveros.net/), únicamente centrada en este ámbito...

La división, nuestro paradigma

Como vemos, la separación entre bibliotecarios y archiveros se repite de forma casi sistemática, sistémica y constante: es el paradigma que hemos construido entre todos, y estoy convencido que es así cómo nos vendemos y cómo nos ven. La división, y me atrevería a decir la atomización, por desgracia creo que ya se ha enquistado en nuestra forma de ver la profesión y el campo científico que ocupamos. O por lo menos se ha enquistado de forma oficial, desde las mismas asociaciones, que no tienen ningún tipo de voluntad en avanzar hacia una más que necesaria integración, en aras de aumentar y mejorar la visibilidad y la representatividad legal, laboral, social, cultural y económica de todos (sé, no obstante, que muchos profesionales a título personal piensan y apuestan por lo contrario). Me imagino que el esfuerzo en mantener toda esta estructura organizativa realmente debe ser extraordinario. Mientras existan objetivos parciales, continuaran habiendo asociaciones profesionales parciales que sólo representarán una parte de un colectivo que debería tener objetivos comunes. Que nuestro árbol no nos impida ver todo el bosque. Que lejano queda aquel 1999 en el que la Societat Catalana de Documentació i Informació, la SOCADI, que aglutinaba a los documentalistas, se fusionó con el COBDC, creado en 1985 (Enciclopèdia Catalana, 2016).

Apuesto firmemente por romper esta dinámica, por impulsar un cambio disruptivo y por caminar hacia una mayor integración de nuestra profesión, y en especial de nuestas asociaciones y colegios profesionales... que no dejan de ser la forma final con la que nos ven y con la que nos podemos vender. Hay una disfunción estructural que nos resta fuerza y nos debilita. ¿Acaso ha funcionado, funciona o funcionará a largo plazo el modelo actual? ¿Es sostenible, viable y nos puede ayudar a obtener una representatividad y un statu quo de profesión de primera categoria? ¿Nos hemos sabido vender para ser una profesión fuerte y decisiva? Creo, sinceramente que no, que incluso somos nosotros mismos nuestros peores enemigos. Clamamos integración y unidad, pero luego la realidad es bien diferente: cada uno con su parcela del negocio. Y así nos va. Pero si la respuesta es que si, que lo estamos haciendo bien y que este es el camino... pues nada, continuemos como si nada estuviera pasando. Con el tiempo, ya no tendremos absolutamente nada que perder.

Una apuesta por la "Advocacy"

Ante esta situación, uno se puede preguntar qué salida o qué caminos seguir para romper estar inercia y conseguir una profesión unida y fuerte, con objetivos claros y concretos y que nos aglutinen a todos. Quizás una apuesta podría pasar por la Advocacy. Aunque no tiene traducción al castellano, se podría definir en dos palabras: defensa y promoción. Advocacy "son todas las acciones que personas y organizaciones ponen en marcha para influir en la toma de decisiones a diferentes niveles y que ayudan a conseguir una política deseada o un cambio de financiamiento. La Advocacy tiene como objetivo final conseguir el apoyo público, en nuestro caso, para las bibliotecas y los profesionales de la información" (Sellés Carot, 2016). La apuesta de la Advocacy pasa, pues, en transformar las bibliotecas como elementos nucleares de las sociedades modernas, y que los profesionales que las gestionen tengan la suficiente influencia y capacidad operativa y ejecutiva como para poder modificar las agendas de los gobernantes. De esta manera "consideramos necesario que las personas responsables de los sistemas y de los proyectos bibliotecarios, reconozcan a las bibliotecas como un derecho de la comunidad a la lectura, a la información, al conocimiento y a la cultura y, se formen como interlocutores válidos para gestionar, con los que toman las decisiones en el sector público y privado, es decir, políticos, gestores, empresarios, etc., entre otros, para incluir a las bibliotecas en los planes de desarrollo de las diferentes entidades territoriales e institucionales, de manera que el servicio bibliotecario y el acceso a la información cuenten con los recursos suficientes para su funcionamiento, proyección y sostenibilidad a medio y largo plazo" (Sellés Carot, 2016). La apuesta pasa, por consiguiente y sin ninguna duda, en convertirnos en auténticos think tanks. El problema, pienso, que tiene aplicar la advocacy en nuestro ámbito es justamente nuestra atomización: y es que la advocacy pasa inevitablemente por tener unidad de acción.
Bibliografia